Ilda Bocchio Secretaria privada
“Barracchia era como de mi familiaâ€.

Ilda Bocchio, a cargo del Despacho del Intendente, trabajó 22 años junto a Barracchia.

Ilda Bocchio, es “Ildaâ€, la voz detrás del teléfono, el rostro de la puerta entreabierta de la oficina que conduce al Despacho principal de la Municipalidad; las manos que llevan y traen cartas estampadas con la firma del Intendente, o los proyectos de ordenanza al Concejo Deliberante, y la responsable de tantas otras tareas de suma importancia para la Comuna. Ilda es la mano derecha del Intendente, es el puente entre los vecinos y el Jefe Comunal. Es la Secretaria Privada, pero además, es una de las personas que más conoció al Dr. Barracchia en la esfera municipal. Dos datos permiten aseverar tal afirmación: fue su secretaria en 1983 cuando Barracchia ocupó el cargo de Secretario de Acción Social, y desde 1987 Jefa de Despacho. En resumen, fueron más de 20 años trabajando juntos, a la par.No podrá entonces esta entrevista –por más que quisiéramos- evitar la referencia ineludible, continua y sentida, al hombre que todos extrañamos, casi tanto como Ilda.Pero primero hablemos de ella. Ingresó a la Municipalidad en marzo de 1973, cuando cursaba el último año del Colegio Comercial Nocturno. Las dificultades económicas familiares de aquel entonces echaron por tierra su sueño de ser farmacéutica.  El primer trabajo dentro del Municipio fue en el Hospital. Luego pasó a Acción Social y en 1983 conoció a Barracchia, quien en 1987, una vez electo Intendente, la llevó al Despacho principal.“¿Qué hace la secretaria privada? Hay que atender al Intendente, a la gente que viene, tipear las cartas, dar audiencias…â€, explica Ilda.

Como se dijo, Ilda lleva 24 años en esas funciones, y señala que siempre trabajó bien con todos los Intendentes, con Font, con Feito y con Barracchia. Pero al último, lo recuerda como a un familiar.“Estuve muchos años con él. Compartí muchas horas, además de ser el Intendente y mi jefe, era un compañero. Hablábamos mucho, de la familia, de muchas cosas. Lo llegué a querer mucho y lo extraño porque para mi era como de mi familiaâ€.

– También se enojaba mucho a veces.

- Ah sí, he llorado mucho también por él, pero al otro día se me pasaba.

Algunas de las anécdotas que trascienden pintan esta relación. En el último tiempo Barracchia asistía a las sesiones médicas tres veces por semana y en su entorno sospechaban que lo hacía sin comer porque iba desde la Comuna. Ilda, compraba todos los días manzanas y se aseguraba de que comiera algo.

Voló la computadora
Ilda no pudo estudiar Farmacia y una vez en la Municipalidad, por la carga horaria que le imponía Barracchia (cuenta que la llamaba a trabajar los 25 de diciembre y 1º de enero o en algunas madrugadas), ni siquiera pudo hacer cursos. Eso sí, podía aprender al lado del Intendente.“En 1988 trajo la primera computadora y me dijo “sentáte que vas a aprender computación”. Yo venía de la Remington, me daba miedo, sobre todo que él me explicara. A veces se enojaba, gritaba. Me iba llorando, pero aprendíâ€. Un día y durante el tipeo de una carta la discusión entre la secretaria y el Intendente terminó abruptamente: “le tiré el teclado de la computadora y me fui. Estuve llorando en el patio, al rato volví, pensando que me iba a suspender, cuando entré al despacho me dijo ‘¿se te pasó?’â€.

Entrevista realizada en marzo de 2011.
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